De religiones y otras hierbas
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¿Para qué? ¿Para qué ponerme a escribir sobre un tema en el que cada cual tiene una opinión tan personal y tan válida? ¿Para qué ponerme a hacer cábalas sobre las diferencias personales que tienen los religiosos y los no religiosos? ¿Para qué? No serviría de nada.
Voy a hacer otra cosa, que puede ser un ejercicio interesante: voy a plantearme en qué son parecidos, si no iguales, esas personas de uno y otro lado cuya opinión es suficientemente extrema como para plasmarla en ataques a los del lado contrario. A ello:
Ah, las personas... y aún hay quien me pregunta qué quiero decir cuando digo que el ser humano es algo auténtico.
Bien, las personas tienen creencias. No se me ocurre que exista ser humano que no las tenga, sean del tipo que sean. Bueno, sí se me ocurre uno, pero eso es otra historia. En efecto, casi todo el mundo tiene una serie de cuestiones más o menos grande de las que no está seguro, preguntas de las que cree saber la respuesta pero en las que hay un elemento de azar que consigue sacar la duda al escenario.
Y no estoy hablando de las Grandes Preguntas sobre las que hablo en el post anterior, sino de cuestiones cotidianas, mundanas, de todos los días: "Creo que lloverá, el cielo está nublado". "Creo que hoy había reunión. Si tengo suerte me escapo antes".
Absolutamente nadie que yo conozca tiene todas las pruebas acerca de todo. Las personas cercanas a mí, y que constituyen mi fragmento de Humanidad, son personas acosadas por las dudas. Y eso no es malo: la duda es algo inherente a la mente, y por tanto al ser humano. No creo que deban ser negadas o arrojadas a la basura. Son útiles: nos ponen alerta, nos hacen pensar, nos abren puertas que hasta entonces no habíamos visto... y en su justa medida, la duda no permite vivir cosas como la ilusión, la incertidumbre, la tensión... la duda trae riqueza a nuestras vidas. Insisto, en su justa medida.
Así pues tenemos que a diario hay preguntas a las que no somos capaces de responder con los datos que tenemos. Y si aspiramos a ofrecer una respuesta a esas preguntas entonces las ofreceremos en base a una creencia, sea cual sea.
Ahora bien, el problema aparente viene al aplicar este mismo proceso a esas Grandes Preguntas y observar lo que sucede.
Tal y como yo lo veo las religiones no dejan de ser otra cosa que intentos de dar una respuesta a esas preguntas. Como es evidente esa respuesta estará basada en la fe, es decir en la capacidad para creer en esa misma respuesta. Esta aparente paradoja se da por la imposibilidad de demostrar de manera fehaciente si esa respuesta es válida o no lo es, con el agravante de que, habitualmente, no es esperable averiguarlo en esta vida.
Claro, como las religiones son corporaciones o asociaciones creadas por humanos no han tardado en aparecer motivaciones secundarias que desvirtúan esa hermosa misión primigenia de dar una respuesta a esas preguntas a las que nadie puede responder. Intereses de diversos tipos hacen a las religiones grandes y poderosos entes a los que tener en cuenta en todas las sociedades, independientemente de los miembros que las conformen. Simplemente es así, y es así porque las religiones las conforman seres humanos, con virtudes humanas y defectos humanos.
De esta manera tendremos colectivos religiosos y colectivos no-religiosos dentro de una sociedad. Y dentro de cada uno de ellos tenemos a elementos extremistas que habitualmente dedican una significativa cantidad de tiempo y energía a bombardear al otro colectivo, sin darse cuenta de que en realidad son muy parecidos. Tomemos ahora un individuo de cada uno de ellos y comparémoslos:
Aunque seguro que hay opiniones discordantes al respecto, deberemos considerar a ambos individuos como humanos. Por que ambos son humanos, ¿verdad? Sigamos.
Ambos se basan en una certeza para atacar al otro: que es él el que tiene la razón, y que el otro se haya absolutamente errado. El uno ha hecho de su creencia una aparente certeza y el otro ha hecho de su no-creencia en la creencia del otro otra aparente certeza. El uno tiene la certeza de que su creencia es verdadera y el otro tiene la certeza de que esa creencia es falsa. Ambos tienen las mismas pruebas y ambos hacen juicios al respecto y deciden que la verdad es suya. Y claro, dos verdades contrarias no pueden existir al mismo tiempo, ¿verdad? Sigamos.
Ambos se hayan embarcados en una labor para concienciar al resto del mundo de que su visión del mundo es la verdadera y que el resto son falsas. Esta labor puede ser más o menos activa: un misionero que se va al otro lado del globo, un tertuliano que aprovecha conversaciones ocasionales para dejar entrever su opinión al respecto, un navegante de la web que pone un blog y plasma en él su visión del universo, un predicador que asalta a algún viandante ocasional para hablar con él... y es que es un tema que está presente a diario a nuestro alrededor. Es importante y no se puede permitir que el otro contamine a más gente ¿verdad? Sigamos.
Ambos hacen gala y galones de una falta de respeto sin precedentes a la hora de decidir sobre el resto de la humanidad y sobre su conducta. "Los religiosos son, por regla general, unos retrasados" o ?"os ateos deben ser unos infelices, descastados y sin creencias y morirse es lo mejor que podrían hacer" son algunas de las perlas oídas por estas orejas que se ha de comer la tierra a alguna gente que tienen exactamente la misma idea que un grillo acerca de lo que están hablando y que son demasiado orgullosos para decir "No tengo ni idea de lo que pasa a mi alrededor como para encima andarme con tonterías", que es lo que la única certeza que tiene el que ahora escribe. Pero claro, reconocer que algo nos es sencillamente desconocido es algo inadmisible, ¿verdad compañeros extremistas?
Olvidaos. No tenéis ni idea. Yo tampoco, pero al menos tengo respeto. Creéis que sois los dueños de la verdad absoluta y es falso. No me importa que me demostréis lógicamente la existencia o la inexistencia de Dios. No me importa que le afirméis o que le neguéis, ni me importa que penséis que estáis en lo cierto. De hecho, no me importa lo que penséis al leer estas líneas. Pero tampoco me importaría que la vida os hiciera un regalito de esos que a veces suelta como quien no quiere la cosa, y que os haga ver de una vez que detrás de esa cara que conforma vuestro universo, hay otra que es igual de verdadera. Os deseo que la vida os regale la capacidad para reíros de vuestra estupidez cuando seáis conscientes de ello, porque, creedme, es el mejor regalo que podríais recibir.
Un poco de respeto por favor. Seguramente yo estoy teniendo una pequeña falta de respeto para con vosotros, adalides de vuestra creencia, sea cual sea, al deciros todo esto. Pero confío en que será para bien, pues si no, no lo haría. Y, en cualquier caso, es una falta menor que la vuestra.
Respetad a aquellos que tienen una creencia distinta de la vuestra. Respetad a los que dicen que tienen creencias y respetad a aquellos que dicen que no las tienen. Y ocupaos de vosotros, que creo que es una tarea más que suficiente.
Y ahora, os lanzo una pregunta, de esas grandes y aparentemente sencillas: ¿seréis capaces de decir qué no es un objeto, si no sabéis qué es ese objeto? O dicho de otra manera: ¿se puede saber qué no es, si no se sabe qué es?
Ah, si alguien se siente herido por esta entrada, que se pregunte primero por qué se siente herido, y después si la culpa es de lo que se dice en la entrada o de su propia conducta. Tomadlo como una oportunidad para crecer y para haceros más tolerantes. A algunos ya nos tenéis las narices como un portaaviones.
De nada.
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